Juana Ramírez Sanantoreña es la expresión de un grupo de adultas y adultos mayores, que creen que un mundo mejor es posible y necesario, a favor de la vida tanto humana como del planeta donde habitamos.
domingo, 5 de enero de 2020
jueves, 29 de agosto de 2019
Primer viaje, primer paseo sin ella
Xiomara Acosta estuvo con nosotras y nosotros
físicamente hasta el 14 de abril de este año. Desde entonces nos acompaña en
todo lo que hacemos, está presente, sus huellas han quedado en todo lo que tocó
y lo que hizo, en su amor hacia las otras y los otros, en sus actividades
cotidianas, como madre, como hija, como esposa, como docente. Se dio en todo a
lo que le dedicó su tiempo.
Amó a sus hijas y a sus hijos, a sus nietas y
nietos, a su madre lo hizo intensamente, y a su esposo, Miguel, lo amó con
profunda entrega. Fue su compañero hasta su último segundo.
Miguel la recuerda a cada segundo, Xiomara se
ha eternizado en Miguel. Doce días después de su retirada de este espacio,
Miguel hace un paseo sin ella, y la recuerda, cómo expresa sus amor y su
presencia en este poema que Miguel tituló: Primer viaje, primer paseo sin ella.
Vine a la Colonia
Tovar,
uno de nuestros
paseos favoritos.
Honro su memoria en
este viaje.
Aunque físicamente no
esté, sé que me acompaña.
Cielo mío, corazón de
mi palpitar,
canción de mi
amanecer,
jardín de mi existir,
alba de mi vida.
Gloria a nuestro amor
por siempre.
Miguel Tovar
Adulto Mayor
Simón Bolívar y el Florín Húngaro
El Florín Húngaro fue la única moneda europea que antes de la aparición del Euro (1949-1989) plasmó la efigie de El Libertador en una de sus monedas (100 Florint).
El ícono nacional de Hungría el Conde István (Esteban Széchenyi) desde 1825 adoptó las ideas de Bolívar y Rodríguez de masificar la educación. Gracias a esto, hoy día, Hungría tiene la mayor cantidad de Laureados Nóbel per cápita en el mundo.
El ejemplo de Bolívar y Rodríguez en Hungría hicieron merecedor a El Libertador de su efigie en el Florín.
A su vez Hungría y la independencia venezolana se relacionan con la participación de los húsares húngaros ("huszár" en húngaro significa miembro de una unidad de 20), estos húsares llegaron hasta el Campo de Carabobo. Por otro lado la bandera de los húsares de la Guardia de Honor presidencial de Miraflores siempre llevó los colores rojo con injertos blancos y verdes, colores nacionales húngaros.
Fuente:
Venezuela Inmortal
martes, 27 de agosto de 2019
Matar de hambre: táctica de guerra nazi III
Hoy, los epígonos de Hitler que ocupan la
Casa Blanca pretenden aplicar contra la Venezuela Bolivariana la misma táctica
de guerra de la Alemania Nazi: matar de hambre a la población. Esto lo están
haciendo mediante: 1) la imposición de ilegales bloqueos y embargos que
obstaculizan el acceso a las fuentes de compra y abastecimiento de alimentos
del mercado internacional por parte del Estado venezolano; 2) la aplicación de
una estrategia de hiperinflación que imposibilita a la mayor parte de la gente
la adquisición incluso de los alimentos de la canasta básica.
Esta criminal política está causando: 1)
por un lado desazón y rabia contenidas, que aún no hallan un cauce para
manifestarse (el pueblo es sabio y paciente, diría Alí Primera); 2) por el
otro, serios niveles de desnutrición que ya se hacen visibles (especialmente
entre quienes viven de un salario); que generan daños a la salud física,
emocional y mental del pueblo venezolano. El propósito de esta política de
inspiración nazi es debilitar material y espiritualmente a nuestro pueblo para
que se rinda y entregue la Patria. Aniquilarlo progresivamente para destruir su
capacidad de resiliencia ante las dificultades.
Si este es el plan del enemigo, entonces la
estrategia de lucha del Estado venezolano conjuntamente con el Poder Popular
debe centrarse en organizar la producción, almacenamiento, procesamiento, transporte,
comercialización y consumo de alimentos en el marco de una economía de guerra.
Y porque en esta guerra Venezuela no se
rinde, urge que diseñemos, ejecutemos y evaluemos juntos, con sentido de
venezolanidad, un proyecto sistemático y coherente que garantice la seguridad y
soberanía alimentarias, basado en las fortalezas y potencialidades de nuestra
nación y nuestra población en cada territorio; aplicando el principio de
Hipócrates que establece: “Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”.
Así, con la misma fuerza y creatividad con
que Leningrado derrotó a unos agresores que la querían matar de hambre, hoy
nuestra Patria vencerá a los epígonos del nazismo que pretenden someternos por
hambre y enfermedad. ¡Y conquistaremos nosotros mismos el buen vivir y la
prosperidad que todos merecemos!
Lunes, 19 de agosto del 2019
José Gregorio Linares
Historiador
Adulto Mayor
lunes, 26 de agosto de 2019
Matar de hambre: táctica de guerra nazi II
II
El plan de matar de hambre a los habitantes
de Leningrado fue estudiado
meticulosamente por el profesor dietético Ernst Ziegelmeyer del Instituto de
Nutrición de Múnich quién, con base en concienzudos estudios que incluían
analizar el censo de habitantes y la cantidad de alimentos que podían ser
guardados de acuerdo a la capacidad de los almacenes, concluyó que en muy poco
tiempo la comida mermaría y, en consecuencia, los ciudadanos tendrían que
someterse a un plan de racionamiento que solo les permitiría el consumo de 250
gramos de pan diarios, porción insuficiente para mantener la salud. De este
modo, mediante la combinación del ataque aéreo, el sitio por tierra y el
bloqueo naval, los alimentos se acabarían rápidamente y los defensores irían
falleciendo por inanición, sin tener los alemanes necesidad de luchar y sufrir
bajas.
El proyecto fue aprobado por el Alto Mando
de las Fuerzas Armadas Nazis. Al respecto Hitler declara (29 de setiembre de
1941): “He resuelto borrar a Leningrado de la faz de la tierra. No nos
corresponde a nosotros, ni nos corresponderá el problema de la supervivencia de
su población, es decir de su abastecimiento. En este combate, en el que nuestra
resistencia está en juego, es contrario a nuestros intereses salvar a la
población de esta ciudad, ni siquiera a una parte de esta”. Alrededor de
725.000 militares con armamentos de todo tipo sitiaron Leningrado para impedir
que la población pudiera salir a abastecerse de lo indispensable para vivir.
En consecuencia, hubo un especial
ensañamiento con los almacenes de comestibles. Los proyectiles destruyeron
toneladas de azúcar, grasa, harina, pasta, cereales y granos depositados en las
fábricas y silos, pulverizaron los frigoríficos para dañar toda la comida,
hundieron las gabarras que transportaban víveres por los ríos, incendiaron los
sembradíos, destruyeron los mercados y los comercios.
Simultáneamente se desarrolló una guerra
comunicacional. La aviación nazi lanzó propaganda donde se anunciaba: “Vuestra
ciudad está completamente rodeada por los ejércitos alemanes. El Alto Mando no
desea en modo alguno imponer sufrimientos a la población civil. Pero la rendición
constituye la única alternativa a la aniquilación absoluta o al hambre.
Convenced a vuestros dirigentes de que es preciso sacrificar el bolchevismo en
aras de la paz. ¡Es mejor ser un súbdito sano de vuestros conquistadores
indiscutibles que un bolchevique hambriento!”.
¡Pero Leningrado no se rindió! Sus
habitantes hicieron de todo para sobrevivir: abrieron una ruta secreta para el
abastecimiento de alimentos que eran transportados desde las ciudades cercanas
(pero fueron descubiertos); ajustaron el racionamiento al mínimo indispensable
para que todos pudieran alimentarse; se organizaron patrullas para atender a
los enfermos y socorrer a los desvalidos; un grupo de voluntarios taló madera
en los bosques no ocupados por los alemanes; unos buzos extrajeron miles de
toneladas de carbón que yacían bajo el agua del puerto, concretamente de unos
barcos ingleses que en el siglo XIX habían arrojado el mineral al fondo; otros
buzos rescataron del Lago Ladoga toneladas de trigo que se pudieron secar y
recuperar para comer; durante el aniversario de la Revolución Bolchevique para
elevar la moral los niños recibieron como premio una porción de leche con una
cucharada de harina de papa y los adultos tomates salados; se crearon nuevas
rutas de aprovisionamiento que fueron bautizadas como “Carreteras de la Vida”.
Además fueron cultivadas clandestinamente cientos de hectáreas de hortalizas,
papas y repollos, por grupos de familias que recibían adiestramiento especial
en agricultura y economía de guerra. También el Instituto Científico de
Leningrado produjo una harina sintética a base de conchas y caparazones,
complementada con aserrín, mientras grupos de botánicos resguardaban un banco
clandestino de semillas. “Desesperados, los habitantes tuvieron que obrar
milagros para sobrevivir como por ejemplo convertir el azúcar quemado de una
fábrica en un sirope calcinado que se podía mascar e ingerir sin riesgo como un
caramelo. Científicos y químicos inventaron pan con un 20% de harinas
trituradas, un 10% de semillas oleosas y un 10% de celulosa, lo mismo que leche
con semillas de soja o sopa de agua caliente de hojas de pino o cuero de zapato
hervido. Pronto se fabricaron ingeniosos inventos para llevarse algo a la boca
como sopas hechas de encuadernación de libros, caldos de hojas secas, pasta de
ramas jóvenes de árbol cocidas con turba o sal, pan de celulosa, harina de
algodón, leche de algas, lácteos con intestino de gato mezclado con aceite de
clavo e incluso se elaboraron 2.000 toneladas de salchichas cocinadas con cuerda
de violines que mezclaban con simiente de lino y aceite de maquinaria
industrial”.
En medio de las más terribles desgracias,
permaneció viva la llama de la esperanza, y se emprendieron los más poderosos
actos de resistencia. Se organizó una orquesta sinfónica, bajo la dirección de
Karl Eliasberg, que fue capaz de interpretar la Sinfonía de Leningrado, del
compositor ruso Dimitri Shostakovich: Un verdadero himno de dignidad y lucha.
Los músicos debilitados por la hambruna apenas eran capaces de sostener sus
instrumentos, sin embargo tocaron. El día del estreno de la obra, se colocaron
altavoces en toda la ciudad no sólo para que el pueblo asediado escuchara el
concierto, sino también para que las tropas invasoras supieran que allí nadie
se rendiría.
Finalmente, el arrojo y el amor por la
Patria vencieron sobre unos invasores que blandían la guadaña de la muerte. Los
alemanes fueron definitivamente derrotados en enero de 1944. El pueblo de
Leningrado celebró con bailes la victoria sobre sus agresores y rindió homenaje
a los caídos. "Subestimaron nuestra voraz hambre de vivir", escribió
una superviviente.
Lunes, 19 de Agosto 2019
Lunes, 19 de Agosto 2019
José Gregorio Linares
Historiador
Adulto Mayor
sábado, 24 de agosto de 2019
Matar de hambre: táctica de guerra nazi I
José Gregorio Linares, el autor de este artículo que publicamos en este Blog en tres partes, es un intelectual y acucioso historiador venezolano comprometido políticamente con las causas libertarias que ha dedicado gran parte de su vida a transmitir sus conocimientos bien sea a través de la docencia o de la escritura de obras producto de sus investigciones. A continuación les dejamos este interesante artículo de nuestro amigo Goyo, deseando que sea para incrementar nuestros conocimientos y seguir fortaleciendo nuestra conciencia
I
Matar de hambre a una población es una
táctica de guerra nazi. A lo largo de la
historia había sido puesta en práctica de manera empírica por los ejércitos
convencionales para rendir una plaza sitiada y luego someter a los
sobrevivientes; pero rara vez se pensaba en el aniquilamiento total del
enemigo. Sin embargo, los investigadores alemanes al servicio del Tercer Reich
le dieron fundamento científico a esta maquiavélica forma de exterminio.
Durante la Segunda Guerra Europea (1939-1945) concibieron y planificaron con
extrema frialdad la forma de llevarla a cabo. El propósito era exterminar al
pueblo soviético, que enarbolaba las banderas del socialismo y se oponía al
avance del nazifascismo.
Leningrado fue uno de las ciudades rusas
escogidas para probar la eficiencia de esta táctica genocida: la ciudad poseía
decenas de fábricas, entre ellas la única industria de tanques pesados, carros
y trenes blindados del mundo. Esta urbe era clave desde el punto de vista
geopolítico pues constituía un importante nudo de comunicaciones con el norte
del país. Allí vivían 3 millones de habitantes, el equivalente a toda la
población de Caracas hoy en día. Además, siendo Leningrado la cuna de la
Revolución Rusa de 1917, su destrucción asestaría un duro golpe a la moral de los
soviéticos. Por tanto, los nazis se plantearon ocupar esta importante posición
estratégica, pero antes, como un huracán de muerte, arrasarían con la
población.
El primer paso fue bloquear Leningrado. Se
aisló casi por completo a la ciudad de los principales centros de
abastecimiento de comida. Luego se la sometió a un bombardeo incesante, entre
las ocho de la mañana y las diez de la noche.
El asedio se prolongó casi 900 días, desde septiembre de 1941 a enero de
1944.
Esto causó una hambruna generalizada. Los
leningradenses se vieron obligados a despegar el papel tapiz de las casas para
rasparlo y comer el pegamento elaborado a partir de un compuesto de harina.
También tuvieron que comerse las correas y todos los artículos de cuero, los
perros, los gatos, los cuervos y hasta las ratas. En medio de la desesperación
hubo Incluso actos de antropofagia. Diariamente miles de personas morían por
inanición y por enfermedades causadas por la falta de nutrientes o los
trastornos gastrointestinales. El saldo final fue escalofriante: más de un
millón de personas, es decir, una tercera parte de la población, murió de
hambre en menos de tres años.
Lunes, 19 de Agosto de 2019
Lunes, 19 de Agosto de 2019
José Gregorio Linares
Historiador
Adulto Mayor
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